Héctor Roberto Chavero, más conocido en el mundo artístico como “Atahualpa Yupanqui”, es trovador, poeta popular y persona de culto de varias generaciones de argentinos y latinos. Hondo meditador y original concertista de guitarra, se le admira como el Gran Maestro que nos pinta a la Argentina profunda en las coplas de su canto.
Su voz, su arte inconfundible viven y trascienden al tiempo, tal vez por que sus temas no le pertenecen en exclusivo a él.
Como Atahualpa dice de sus coplas y canciones: “me fueron sugeridas por ahí, en montes y cerros del norte argentino, por paisanos a quienes la vida les arrimaba una esperanza, les encendía un amor o les trizaba un sueño”.
¿Quién se arriesga, por ejemplo, a interpretar su “Payador Perseguido”?
Yupanqui pasó años recorriendo la geografía argentina, por fuera de los circuitos de producción y circulación de la música, convencido de ser “tierra que anda”.
Los que lo conocieron relatan que no era un hombre nada fácil: Era “un indio bravo”, capaz de lacerar con sus opiniones.
Así fue el tono que imprimía a toda su obra: profunda y sentenciosa, abarcador de lo más hondo con descripciones simples y llanas, casi nunca metafóricas, pero siempre asombrosamente verdaderas.
Yupanqui la atisba, la “siente”, utilizando siempre un lenguaje sencillo, casi perfecto.
Su literatura, su canto y su guitarra, contagian y recrean nuestro espíritu, este mundo lleno de infinitud, sacado de un corazón humano donde siempre asoma la dignidad del pobre.